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Pedrea de términos en la Lotería de Navidad

Diccionario del léxico de la lotería, con aclaraciones sobre décimos, fracciones, billetes y series

Ha llegado el momento de deshacer cualquier equívoco sobre el léxico de la lotería de Navidad, cuyo sorteo se celebra este sábado desde las 9.00. Si tiene dudas, pregúntele a este diccionario.

administración. Establecimientos que distribuyen la suerte sin saber muy bien cómo.

alambres. Varillas en las cuales los niños y niñas de San Ildefonso colocan las bolas, una vez cantados sus números. Cada varilla doble es un “alambre”, y estos se articulan en una tabla que servirá luego para transportarlos. Sobre una de las dos varillas se inserta la bola del número; y sobre su compañera, la bola del premio. Cada alambre alberga 40 bolas. Como en una tabla caben 10 alambres, en cada tabla tendremos 400 bolas. Para insertarlas en las varillas, disponen de un agujerito que permite colocarlas como si fueran pinchos morunos.

aproximaciones. El roce da premio. Obtienen retribuciones menores los números anteriores y posteriores al Gordo, al segundo premio y al tercero, entre otros, de inferior cuantía. El roce con el roce, en cambio, no se lleva nada.

billete. Aquí empiezan los líos. Un billete no es un décimo, contra lo que el sentido común parece indicar (porque el décimo se asemeja a un billete de dinero). Un billete de lotería cuesta 200 euros, y está compuesto por 10 décimos (a 20 euros cada uno), que tienen a su vez un mismo número que se juega, pero distinto número de décimo, pero el mismo número de serie entre sí. No es tan difícil, venga.

bolas. Los soportes de números y premios. Pesan 3 gramos, su diámetro mide 18,8 milímetros y están fabricadas en madera de boj. Los números se graban con láser, antaño se hacía con fuego; mientras que en nuestra memoria se desvanecen con facilidad. En el caso de los premios, se añaden letras (por ejemplo, la bola del Gordo tiene la inscripción 4 mills). Antes de que empiece el sorteo (y sin que nadie se moleste por ello), los espectadores pueden tocar las bolas. No se les tiene en cuenta porque estamos en Navidad.

bombos. Los dos receptáculos que contienen los premios y los números, formados por un cristal al que rodea un emparrillado. El de los números acoge 100.000 bolitas, y 1.807 el otro. Esa desproporción se llama suerte.

claveros. Palabra antigua que sobrevive en un apellido español (un ministro de la Transición se llamaba así, Manuel Clavero) y también en el léxico de la lotería. Son los que tienen la llave (o clave). Así se denomina en algunas órdenes militares a los caballeros a quienes se encomendaba la custodia y defensa de un castillo. Aquí se llama claveros a los que precintan el salón del sorteo en la noche previa. Solo ellos disponen de la llave para abrirlo el sábado día 22. “Clavero” y “llavero” parten de la misma raíz (clavis en latín). La primera de estas palabras se refiere a personas; y la segunda, a ese objeto que todos perdemos alguna vez en la vida.

copa. Las bolitas caen de los bombos por sendos conductos y terminan en dos recipientes de cristal, o copas, de los cuales las toman distraídamente las manos de los niños o las niñas de San Ildefonso que estén en el uso de la palabra (mejor dicho: en el canto de la palabra). Eso son las copas durante el sorteo. Después del sorteo, las copas cambian de significado y de contenido.

décimo. Cuesta 20 euros y es la décima parte de un billete. Quien lo posee tiene derecho a la décima parte del premio que se canta. A diferencia de lo que pasa en las competiciones deportivas, aquí el décimo puede resultar ganador.

el Gordo. El premio mayor: 4 millones de euros por serie. En la película de la lotería, el Flaco pierde visibilidad.

fracción. Lo mismo que décimo.

liras. Artilugio semejante a un arpa o lira, merced a las varillas donde se guardan números y premios. El sorteo dispone de 200 liras, cada una con capacidad para 500 bolas. Estas se muestran en ese soporte a la gente que presencia el sorteo, y antes de que empiece, en un momento que tarde o temprano alguien con poca gracia llamará “muy lírico”. (Vaya, ha sido más temprano que tarde).

lotería. Palabra procedente del francés (loterie), recogida ya en diccionarios españoles del XVIII. Anteriormente se decía “rifa”.

muy repartido. La locución más presente en las crónicas de la lotería. Para envidia del mundo taurino, aquí Dios siempre reparte mucho la suerte.

niños de San Ildefonso. Los que desde el siglo XVIII accionan los mecanismos para que salgan las bolas y cantan números y premios. Todos ellos estudian en el colegio público madrileño que lleva ese santo nombre. Fundado en el siglo XV, ha tenido siempre como misión acoger a huérfanos o desfavorecidos. En 1984 se incorporaron las niñas al colegio y al sorteo.

número. Cada número tiene 1.700 décimos. Sorprendente, ¿verdad? Eso pasa porque un mismo número consta de 170 billetes, y cada billete reúne 10 partes. Cada uno de esos 170 billetes lleva un número de serie diferente. Así, el Gordo proporciona 4 millones de euros por billete. Es decir, 400.000 para cada uno de los 1.700 décimos agraciados. Si se lee despacio se entiende mejor.

paraguas. Es el dispositivo del que cuelgan las liras y desde el que las bolas son volcadas a las tolvas para que de ahí pasen a los bombos. Está lleno de varillas; y por eso su nombre. Paradójicamente, de este paraguas acaba saliendo una lluvia de millones.

participaciones. Bares, tiendas, agrupaciones recreativas y benéficas, colegios y otras entidades revenden los décimos en fracciones menores, y les añaden una comisión como donativo. Se han dado casos en los que el valor de lo vendido en participaciones superaba el de los décimos que las respaldaban. Si en ese supuesto toca un premio, alguien puede ir a la cárcel. Ya pasó en 1986 en Palencia.

pedrea. Esos 1.794 premios menores que oímos en cantinela (los de 1.000 euros). El Diccionario marca esta acepción como “coloquial”, pero estos días aparece en todos los registros del idioma, incluidos los más circunspectos.

premios. Los que se derivan de las 1.807 bolas del bombo pequeño. Los décimos que salen a la venta suman 3.400 millones de euros, de los cuales solo se reparten en premios 2.380 millones. Así que el Gordo de verdad se lo lleva el Estado.

probabilidad de premio. Es del 5% por número jugado si se consideran todos los premios directos del sorteo. Y del 0,00001% si se trata del Gordo. Todas las retribuciones (premios, pedreas, aproximaciones y terminaciones) se repartirán entre 15.304 números de los 100.000 que entran en juego. Los poseedores del resto celebrarán el día de la salud.

reintegro. Curiosa la terminología de este sorteo, una competición en la que no solo el décimo gana sino que el último tiene premio. Serán agraciados con la cantidad jugada los 9.999 décimos cuyo guarismo final coincida con el del Gordo. O sea, aquí se da lo comido por lo servido.

serie. Este término de la lotería se define así en el Diccionario: “Conjunto de sellos, billetes u otros valores que forman parte de una misma emisión”. Para el sorteo de Navidad salen a la venta 170 series. Cada una consta de 100.000 billetes; es decir, de 100.000 números. Y cada billete se divide en 10 décimos. Por tanto, se ponen a la venta 170 millones de décimos. Si usted no sale premiado, considere que su suerte es claramente la de un fuera de serie.

Sort. Localidad ilerdense donde se halla la famosa administración de lotería La Bruixa d’Or. El hecho de que el nombre del lugar signifique en catalán “suerte” atrae a multitud de compradores. Sin embargo, esta población ya existía antes de que llegaran los romanos, y por tanto el topónimo no puede guardar relación ni con la suerte ni con el término sors-sortis latino, sino con un sentido anterior: “Pequeña extensión de terreno”. Esta acepción se mantiene hoy en día en catalán (tros de terra petit). Y entronca además con la acepción número 11 de “suerte” en castellano: “Parte de tierra de labor, separada de otra u otras por sus lindes”. Pero la gente vincula más el nombre de Sort con el significado de la fortuna. Y eso sí que es una suerte para La Bruixa d’Or.

tabla. Recipiente de madera con marco donde se sujetan las varillas en las que a su vez se insertan las bolas. Cada tabla acoge 200 números y 200 premios. Después del sorteo se hace tabla rasa y se espera al año siguiente.

tolva. Aunque no lo parezca, procede del latín tubula (trompetilla), a partir de un cierto parecido entre ambos objetos. Toda tolva tiene forma de pirámide o de cono invertidos y abiertos por ariba y por abajo, para que caiga de a poco lo que se echa de a mucho. En este caso, las bolas en los bombos. Y sí, puede evocar una rudimentaria corneta, aunque puesta del revés. En el siglo XVIII se aplicaba este término al recipiente que colgaba sobre la rueda del molino para echar el grano, “que sale por abaxo por un agujero angosto, y cae en la muela, donde se hace harina” (diccionario académico de 1780).

trompeta. Otro término relacionado con la música (véanse liras y tolva). Se trata del tubo de cristal por el que bajan las bolas desde el bombo hasta la copa, de donde las toman los niños cantores. Tanto cántico y tanta trompeta logran que para algunos afortunados el sorteo suene a música celestial.

Fuentes: ONLAE y Enclave RAE.

 

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