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Los supuestos ataques contra diplomáticos en La Habana también afectaron a los canadienses

Personal de la Embajada de Canadá y sus familias sufrieron en Cuba los mismos problemas de salud que los estadounidenses. Ottawa podría tener que pagar indemnizaciones millonarias a varias víctimas

Sordera parcial, mareos, confusión mental, vértigo y fallos en la memoria. Estos son algunos de los problemas de salud que experimentaron unos 14 canadienses —entre miembros del cuerpo diplomático y sus familias— destinados en Cuba, entre noviembre de 2016 y agosto de 2017, en la mayoría de los casos. Estos males, cuyo origen sigue siendo un misterio, afectaron también a 26 estadounidenses.

Conocido ya como el “síndrome de La Habana”, estos problemas de salud podrían deberse, según fuentes de la investigación citadas por la prensa estadounidense, a ataques con armas electromagnéticas o con aparatos que emiten ondas acústicas. Sobre este último punto, algunos de los afectados han señalado que escucharon sonidos extraños en sus residencias. Una grabación de audio, realizada por personal diplomático estadounidense y difundida por Associated Press (AP), contenía un zumbido agudo. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) y de Lincoln (Reino Unido) concluyeron que se trataba del canto de una especie de grillo antillano.

Al igual que el FBI, la Real Policía Montada de Canadá ha viajado a La Habana para investigar los incidentes. El Gobierno cubano ha abierto sus propias pesquisas y ha subrayado que nada tiene que ver con algún plan para producir estos problemas de salud. También niega categóricamente que haya permitido que un tercer país actuase en su territorio para perpetrar un ataque a los diplomáticos. En este mar de supuestos, han salido a colación hipótesis sobre la responsabilidad de sectores duros del régimen o la de países con estrechos vínculos con Cuba, pero rivales de Estados Unidos. A este respecto, un gran interrogante es por qué los diplomáticos canadienses también presentaron problemas de salud.

En septiembre de 2017, Washington decidió retirar de su Embajada en Cuba a todo el personal no esencial y sus familiares. Ottawa informó en abril de 2018 que las familias de los miembros del servicio exterior destinados en La Habana harían lo propio. A finales de enero, Canadá anunció que el número de funcionarios en su Embajada se reduciría en un 50%. Algunos diplomáticos canadienses afectados por los supuestos ataques consideran que la actuación de su Gobierno ha sido decepcionante.

Este miércoles, una corte federal de Canadá recibió una demanda por parte de cinco diplomáticos y varios miembros de sus familias que vivieron en Cuba. Exigen a Ottawa 28 millones de dólares canadienses (unos 21 millones de dólares estadounidenses, 18,5 millones de euros) porque no fueron advertidos de los riesgos para la salud asociados al trabajo en la isla, no fueron repatriados cuando comenzaron a presentar síntomas y no recibieron la atención médica adecuada al volver a Canadá.

La cadena CBC entrevistó a algunos de estos demandantes bajo condición de anonimato. “Mi esposa ya no es la misma. Tiene problemas de memoria, dolores de cabeza, dificultades auditivas. Coge el teléfono para llamar y después ya no recuerda el motivo, entra en una habitación sin saber por qué, ya no logra concentrarse”, aseguró uno de los diplomáticos. Otro más, aquejado por fatiga excesiva y migraña, mostró su enfado al comentar que Ottawa ya estaba al tanto de los problemas de salud de los canadienses en Cuba, pero que tardó demasiado en tomar medidas para que regresaran a su país, a diferencia de los estadounidenses.

Los canadienses que sufrieron daños cerebrales durante su estancia en La Habana reciben atención en el Instituto de investigación sobre el cerebro de la Universidad de Ottawa y en el Centro de tratamiento de lesiones cerebrales de la Universidad Dalhousie, en Nueva Escocia. Sin embargo, la demanda señala que algunas de estas personas tuvieron en un principio que buscar ayuda, por sus propios medios, en la Universidad de Pensilvania, donde han examinado a los diplomáticos estadounidenses que sufrieron estos ataques.

Chrystia Freeland, ministra canadiense de asuntos exteriores, se refirió el mismo miércoles a la demanda presentada por los diplomáticos, durante una visita a Washington. “La principal preocupación del Gobierno de Canadá es la salud y la seguridad de nuestros diplomáticos y sus familias”, comentó. La ministra dijo que, pocos días antes de Navidad, se había reunido con algunos de los diplomáticos afectados para escuchar sus testimonios. Respecto a las acusaciones de que Canadá esperó demasiado tiempo para repatriar a sus ciudadanos y a las críticas sobre la forma en que manejó este asunto, Freeland respondió: “Como lo dije, la salud y la seguridad de nuestros diplomáticos son una prioridad. Hemos tomado medidas para proteger a los diplomáticos en Cuba hace unos días”, en referencia a la reducción del personal de la Embajada. Un juez deberá estudiar la demanda de los canadienses y decidir si la admite. Mientras tanto, el origen del denominado “síndrome de La Habana” continúa siendo un misterio.

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